Por el Arquitecto
Marcelo L. Magadán
Master en restauración de monumentos. Especialista en gestión de conservación
Para ver más trabajos de MLM entrar en el blog: www.notasdepatrimonioarquitectonico.blogspot.com
El Pereyra es un apacible parque ubicado frente a la imponente Basílica del Sagrado Corazón, al 1300 de la Av. Vélez Sarsfield, en el tradicional barrio de Barracas, en la ciudad de Buenos Aires.
Este es uno de los espacios verdes de la ciudad que poseen valor patrimonial, paisajístico y ambiental. Surgió a fines del Siglo XIX, como resultado de la interacción de dos personajes importantes de la historia local: Leonardo Pereyra, quien donó las tierras, y Carlos Thays, autor de la idea original del mismo.
El parque, que quedó habilitado para 1920, fue proyectado como un conjunto armónico, junto con la basílica y el colegio, edificios que ocupan casi la totalidad de una manzana de gran tamaño. Desde el parque, estas construcciones cobraban una especial dimensión y se apreciaban en su total esplendor. Es más, el lago existente en el centro del espacio verde, permitía que la fachada de la iglesia se reflejara en el agua, creando una escena urbana única en la ciudad.
Desde hace un mes, el conjunto que abarca algo más de tres manzanas, está siendo remodelado por el Ministerio de Espacio Público del Gobierno de la Ciudad. De acuerdo a la información disponible, el equipo técnico tomó la decisión de basar el proyecto en la situación del parque al año 1940. Más allá de que se dejaba afuera un par de décadas de historia, hay que reconocer que se trataba de un momento en que el parque, estaba en su esplendor: la arboleda contaba con un desarrollo importante y el trazado aún no había sufrido modificaciones.
En este marco, la decisión tomada obligaba al equipo a respetar aquellos elementos (trazado, bancos, pavimentos, equipamiento, perspectivas, senderos, materiales, texturas, vegetación, colores, etc.) que estaban presentes entonces en el lugar. A partir de allí todas las decisiones de proyecto tenían que propender a ese objetivo, retrotrayendo, en lo posible, la situación del parque a la de aquel momento; evitando, como es obvio, cualquier agregado o modificación que alterara ese paisaje.
Observaciones a la obra:
- Solados:
Se plantea reemplazar las baldosas de 9 pancitos, roja, de 20 x 20, existentes en las aceras de las tres manzanas del parque, por otras de 40 x 40 graníticas. Cabe citar que los revestimientos de cualquier ámbito son un componente estético importantísimo. Los pavimentos de calles y aceras, como es obvio, lo son en los espacios abiertos.
Cambiando las baldosas, se pierde una referencia histórica importante. Además, hacerlo contradice el principio de volver el parque a la situación de 1940, ya que el solado existente es coherente con aquel momento histórico. No así cualquier otro que responda a una tecnología moderna (cemento peinado, granítico 40 x 40, etc.).
Cabe señalar que las baldosas calcáreas están, en general, en buenas condiciones de conservación. Por tratarse de una intervención sobre un espacio histórico estas deben conservarse, realizando únicamente las reparaciones que correspondan. Sin embargo, la contratista se ha dedicado a romperlas, entre otras cosas, para colocar el cerco de obra.
- Adoquinado histórico:
En la esquina de Iriarte y Vélez Sarsfield, debajo de la actual vereda existe un pavimento de adoquines que habría pertenecido a una dársena construida en los primeros momentos del parque, para facilitar el acceso de los vehículos a la basílica que está enfrente. También hay restos de adoquines en los bordes de la caminería antigua. Unos y otros están siendo retirados y es muy probable que terminen descartados junto con la basura de obra.
- Lago:
El lago es, en teoría, uno de los pocos elementos que en el proyecto se conserva. Pero lamentablemente se está modificando todo el borde, agregándole por dentro una barranca a unos 45 grados, realizada con adoquines. Se esgrime una cuestión de seguridad que no es tal, o no ha sido suficientemente estudiada. Se trataría la de permitir que un chico salga del lago, si circunstancialmente cayera en él. No se tiene en cuenta que la profundidad del mismo, medida desde el borde es de apenas 50 cm. En este escenario, un niño que se valga por sí mismo, puede salir, aún con la situación histórica del corte a pique del borde.
Además, no se tiene en cuenta que la altura del pelo de agua estará por debajo del borde, por lo que un chico, aún de corta edad, permanecerá con la cabeza afuera del agua aún cuando cayera sentado en el interior del lago.
Por otro lado, los adoquines no solo modifican una situación de borde existente (histórica) y la percepción del paisaje, sino que, mojados y con verdín, harán que salir del lago ante una eventual caída resulte mucho más dificultoso que si se mantuviera el borde cortado a pique.
Además, se modifica la forma en que se surte de agua al espejo. Se dejan de lado los grutescos que servían para ello (de los que aún existe sui estructura) y se los reemplaza por una cascada que altera el paisaje histórico.
- Calle California:
El proyecto prevé modificar el nivel de la calle California para llevarlo a la altura de las aceras de las dos plazas linderas. Esto es incorrecto desde el punto de vista histórico ya que modifica una situación consolidada de paisaje y rompe con la coherencia enunciada de respetar la situación del parque a 1940. En esa fecha la calle y la acera estaban bien diferenciadas. Pero además, la calle era de adoquines, por lo que la conservación del parque lleva a quitar el asfalto que cubre los adoquines del entorno del parque y volviendo a dejar los mismos a la vista.
Elevar el nivel de California, calle por la cual transitan una cantidad importante de camiones de gran porte, resta seguridad a quienes utilicen el parque en las zonas próximas a la calle. Borrar límites precisos y reconocidos hace inseguros los espacios verdes (y los públicos en general) para los niños, los ancianos y las personas que tienen deficiencias visuales.
El dato del porte y de la cantidad de camiones no es menor, ya que el proyecto prevé un “solado intertrabado de hormigón”, cuya respuesta al uso en esas condiciones, es muy inferior al de los adoquines, cuya situación estructural, por otro lado, se encuentra consolidada por el paso de los años.
- Pavimentos:
Dentro del parque, es notable la cantidad de pavimentos nuevos (cemento, baldosas, etc.) proyectados en desmedro del verde. Si bien se mencionó que se estaría manteniendo el porcentaje cemento-verde de la situación actual, al reemplazar asfalto por cemento se consolida la situación existente en desmedro del paisaje histórico de referencia (1940). Cabe recordar que estamos hablando de un parque patrimonial, que debe ser conservado y que las intervenciones actuales deben procurar volver su situación a lo que fue y no generar un nueva en desmedro, en este caso, del verde. Por lo tanto, la intervención debe lograr la eliminación de todo metro cuadrado de pavimento innecesario, para que en su lugar vuelva a disponerse algún tipo de vegetación.
Este es el caso de las canchas y la pista aeróbica, elementos que pueden omitirse en la medida en que la gente que corre en el parque lo hace por el perímetro empleando las aceras. Respecto de las actividades deportivas en el parque, cabe mencionar que una de las plazas más pequeñas, que forman parte del sistema del parque, ya ha sido ocupada y cerrada para que funcione en ella un centro deportivo. Siendo ese espacio de propiedad de la ciudad, podrían disponerse los medios para que la actividad deportiva se desarrolle en ese lugar, sin seguir restando verde al resto del parque.
- Arboles y caminos:
Se han trazado una gran cantidad de caminos nuevos abrazando árboles existentes, que se prevén terminarlos con dos clases de pavimentos: impermeables y permeables. Ambos requieren de una preparación previa del terreno, excavando en el sector donde se encuentran las raíces. Los pavimentos impermeables, además, habrán de modificar la condición de riego natural de los mismos. En una y otra situación, los árboles se verán afectados, enfermando primero y muriendo después, perdiendo así ejemplares casi centenarios, que forman parte del diseño original de Thays y que, en muchos casos, fueron aportados por el mismo Leonardo Pereyra.
Por otra parte, aún los caminos que se resuelven con granza, esta será de color gris, en lugar de la roja tradicional, perdiéndose el clásico contraste con el verde que, por ejemplo, se acaba de mantener en el Rosedal.
- Bancos:
El proyecto plantea el reemplazo de los bancos existentes en el parque, coherentes con la imagen de 1940 que se tomó de base, por otros de nuevo diseño, hecho que también es incorrecto.
- Columnas de alumbrado:
Se prevé agregar una cantidad de columnas de alumbrado, número que, en principio, parece excesivo. Dado que éstas tendrán un impacto negativo en el paisaje, resulta oportuno realizar una evaluación de la situación nocturna del mismo, tendiendo a optimizar el sistema de iluminación existente y limitando la incorporación de nuevas luminarias, solo en aquellos casos en que resulte imprescindible hacerlo, cuidando el diseño y estilo de las mismas de modo que resulten compatibles con la imagen del conjunto.
- Organización de la obra y uso del parque:
Cabe hacer notar que el cerco de obra impide la circulación sobre las aceras, ya que ni siquiera mantiene un espacio mínimo respecto del cordón, que pueda ser usado por los peatones.
Así mismo, se están cerrando dos de las tres manzanas limitando el uso de espacio público para los ciudadanos.
En la manzana central no se consideró la posibilidad de dejar acceso al patio de juegos que, por su reciente construcción y su buen estado no requiere de mayores intervenciones. De esta forma se está impidiendo el acceso de los niños a los juegos durante los meses que habrá de durar la obra. Esto se solucionaría dejando un corredor de ingreso al sector de juegos desde alguna de las calles perimetrales, la que se puede elegir buscando aquella situación que minimice la interferencia con la obra.
A modo de conclusión:
La obra en el Pereyra, tal como ha sido planteada y está siendo ejecutada, no mantiene ni el espíritu del proyecto de Thays, ni el de 1940, época que se tomó como referencia.
Situados en ese momento histórico la idea rectora debió ser la de un parque con mucho más verde que el actual, donde no se ponga en riesgo la subsistencia de un solo árbol. El proyecto en ejecución permuta el asfalto de los ochentas por cemento, perdiendo así la oportunidad de recuperar superficie verde.
Conceptualmente hay otro error: Se proyecta “a nuevo” sobre un espacio histórico. Si bien un parque patrimonial puede requerir intervenciones, éstas, siguiendo los criterios internacionales, siempre deben ser mínimas, medidas, neutras. Hay formas de hacerlas. Dos elementos básicos a considerar son: la integridad y la autenticidad del bien. Ambos se pierden con esta intervención. Contrariamente, se debiera respetar la esencia del lugar que caracteriza y define su paisaje, tal como se hizo en el Rosedal y en el proyecto del Parque Lezama.
Resumiendo: Cuando se trata de un bien patrimonial no hay dos maneras de intervenir sobre él. Hay que conservarlo. Cualquier otra operación que lo modifique, lo recicle, remodele, etc. es simple y llana destrucción.
Esto es mucho más grave aún, cuando esa acción es llevada adelante por funcionarios del estado, con dinero de los contribuyentes, cuyo derecho a la conservación del patrimonio, garantizado por la constitución de la ciudad, está siendo avasallado.
Cabe advertir que esta obra tiene un presupuesto oficial de $ 9.824.959,46. (casi diez millones de pesos). Dos millones ochocientos mil dólares dispuestos por los vecinos de Buenos Aires para destruir el Parque Pereyra.
Por último: Recordemos que en patrimonio, lo que se pierde, se pierde para siempre.
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